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Los bancos centrales no fijan los tipos de interés

Los medios de comunicación especializados y muchos economistas nos bombardean continuamente con la magnifica autoridad que tienen los Bancos Centrales para fijar los tipos de interés.  ¿Pero hasta que punto es eso cierto?  Echemos un vistazo al siguiente gráfico:

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Algunos lo explican rapidamente diciendo que es el mercado quien se anticipa a las decisiones de la Reserva Federal.   Pero esta explicación es muy poco científica ¿acaso sabemos realmente lo que piensan cada uno de los partícipes del mercado de bonos?.  Además, si esa explicación contradice los hechos observados, debería aportar argumentos solidos que justifiquen dicha contradicción.

A continuación vamos a dar una explicación utilizando la Teoría del Tiempo Económico (TTE) de Carlos Bondone.   Los tipos de interés mostrados en este gráfico representan la tasa a la que la que la reserva federal concede préstamos a corto plazo a los bancos.  Pero vamos a centrarnos un momento en la frase “La Reserva Federal concede prestamos”.

Todos sabemos que hoy en día los dolares  son exclusivamente moneda en papel, es decir, no dan derecho a intercambiarlos por nada (una cantidad específica de oro o plata, por ejemplo).   Los dolares son promesas de pago que nunca se materializan. Sin embargo, aunque el dólar no sea convertible tiene poder adquisitivo, el poder adquisitivo que le asigna el mercado.

Parémonos a pensar en un ejemplo muy simple.  Alguien quiere comprar mi casa y no tiene suficiente dinero para pagarla pero promete pagármela a lo largo de 10 años.  Asi que acepto a cambio de mi casa un documento donde el comprador firma su compromiso de pago (hipoteca, para los amigos).   Yo aporto un bien tangible que existe, que es la casa (bien presente), y el comprador emite un documento que es un contrato de crédito.  ¿Quien es el que otorga crédito? Pues yo, que soy el propietario de la casa, ¿Y el deudor? el comprador que firma la hipoteca.

Contablemente, mi casa “viajará” desde mi activo hacia el activo del comprador y a cambio yo recibiré en mi activo la hipoteca.   Y esa misma hipoteca figurará a su vez en el pasivo del comprador.   Esta hipoteca tiene un valor, que se corresponde con el flujo futuro de pagos que supuestamente realizará el comprador de la casa.

Si un banco intermediase la operación, la única diferencia es que ubicará la hipoteca en su activo y en su pasivo emitirá otra serie de contratos de crédito (Euros o dólares) por el mismo importe, que me entragará a mi.  Sigo siendo yo el que otorga crédito, el banco solo se interpone, solo lo intermedia.

Pues bien, los dolares que emite la Fed son también contratos de crédito y su naturaleza contable es la misma que la hipoteca que firma el comprador de mi casa.  Por tanto, en el momento que alguien acepte entregar algun bien presente a cambio de esos dolares estará otorgando crédito a la Reserva Federal.   La TTE resume esta premisa en una sencilla frase:  “Quien otorga crédito es siempre el que aporta los bienes presentes a un intercambio“.   Si generalizamos un poco más podremos afirmar que la Reserva Federal junto con el sistema financiero de reserva fraccionaria son los deudores y quien otorga crédito es el mercado.

¿Si la Reserva Federal es el deudor como norma general, no aporta bienes presentes, como es posible que fije los tipos de interés?  Pues la respuesta es bien sencilla, la Reserva Federal al no aportar bienes presentes tiene una influencia muy limitada sobre los tipos de interés.

El tipo de interés, que es el precio del tiempo económico, lo determinan los agentes  en base a su preferencia por controlar bienes presentes y al que posteriormente añaden diversas primas como el riesgo de impago o el riesgo de devaluación del bien económico que les será devuelto en el futuro (inflación).   La Reserva Federal, como todos los demás agentes, se ajusta a los dictados del mercado.

Manuel Polavieja.

La economía por decreto

El Gobierno podrá decretar por ley que los hombres deben sentirse atraidos por hombres y no por mujeres, estableciendo además que todos los hombres son guapos, incluso podría poner los medios y operar gratis a todos los hombres de España para que sean clones exactos de Brad Pitt, convirtiendo su ley en un hecho.   Pero haga lo que haga el gobierno, estoy totalmente seguro de que a mi me seguirán gustando solo las mujeres.

Es muy habitual que en casi todas las corrientes de pensamiento económico se mezclen conceptos legales o jurídicos con conceptos económicos a la hora de elaborar teorías o diagnosticar y explicar fenómenos económicos.

Tradicionalmente, la escuela austriaca de pensamiento es la que mejor ha sabido desmarcarse de este error, labor que inició Carl Menger en su “Principios de Economía Política” al demostrar, por ejemplo, que el dinero tiene su origen en el mercado y no en el Estado por ser quien acuña la moneda o por ser quien redacta una serie de leyes que pretenden otorgar propiedades económicas a una moneda concreta.   En este sentido es realmente brillante y concienzudo el trabajo del también austriaco profesor Huerta de Soto en su libro “Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos”.

Tal y como propone el economista Carlos Bondone, una de las mejores herramientas para la investigación y corroboración económica es la contabilidad por partida doble, como dijo Goethe, una de las invenciones más refinadas del intelecto humano“.  Al igual que la brújula fue una revolución en la navegación marítima, la contabilidad por partida doble lo fue de la misma forma en el intercambio económico, al permitir un desarrollo empresarial mucho mayor.

De nuevo, es importantísimo no confundir la contabilidad legal o fiscal con la contabilidad económica.  Las leyes pueden tener o no un impacto económico, pero no influyen en la valoración por parte del mercado de ese impacto.  Incluso dificilmente consiguen modificar la naturaleza económica de las cosas, por ejemplo:

Desde 1973 el valor legal del dólar según el Congreso de los Estados Unidos es 1/42.22 onzas de oro, aunque eso sí, no es convertible por esa cantidad de oro.   El hecho de que el dólar sea convertible o no, no cambia su naturaleza de deuda o bien futuro (pasivo) y ni mucho menos lo convierte en bien presente, como pueda ser el oro, que no es el pasivo de nadie.  Las participaciones en empresas (acciones) son también pasivos no exigibles (no convertibles) y no por ello dejan de ser un pasivo en el balance de la empresa que las emite.

Pues bien, como resultado de esta ley que decreta que 1 dolar = 1/42,22 onzas de oro, la Reserva Federal contabiliza sus activos en oro a este precio (ver “Gold Stock” al final del primer cuadro).   Evidentemente, aunque la contabilidad legal le otorgue ese valor a sus activos en oro, el valor económico de esos activos en términos de dólares es mucho mayor.  Es decir, cualquiera que confíe en que la Fed no miente en la cantidad de oro que tiene en su activo, sabe que a pesar de la prudencia de la Fed al valorarlo, ese oro vale mucho más de11.041 millones de dólares.

Otro ejemplo:   En los últimos 2 años el Gobierno de España ha decretado una serie de leyes para evitar que las promotoras inmobiliarias y constructoras tuvieran que reconocer en su contabilidad oficial una serie de pérdidas, que en muchísimos casos pondrían a la compañía en situación clara de concurso de acreedores.   Bien, pues por muchas leyes que decrete el gobierno, las acciones de la Inmobiliaria Colonial valen 0,05€ en bolsa, cuando hace poco más de dos años valían 4,00€, o sea, 80 veces más.  En definitiva, el mercado ignora la contabilidad legal o fiscal y valora según los principios de la contabilidad económica y los precios de mercado, aplicando una alta probabilidad a que Colonial quiebre o incluso que esté ya en situación de quiebra, y en función de esa valoración, le otorga un valor ínfimo a sus acciones.

Por reducción al absurdo, si decretar por ley el valor de las cosas fuese posible, los Estados Irlandés y Griego lo habrían tenido muy fácil para evitar su dificil situación, estableciendo por decreto el valor de su deuda.  O mejor aun, pidiendo a la Comisión Europea que lo decretase para inmediatamente transponerlo ellos en su legislación.

Con estos ejemplos queda demostrado que al mercado le son indiferentes las leyes o normativa a la hora de valorar hechos económicos.  A modo de síntesis, el mercado tendrá en cuenta los hechos económicos, tengan éstos origen en alguna ley o no, pero aplicará siempre sus propios criterios para valorar esos hechos.

Desde un punto de vista teórico, vamos a ver como afecta la legislación en un sistema monetario fiduiciario.  Lo que jocosamente se suele expresar como moneda de curso “forzoso”.   En linea con los principios establecidos por Carl Menger, el economista Carlos Bondone ha demostrado que la moneda fiduiciaria también tiene su origen en el mercado, al contrario de lo que defienden todas las corrientes de pensamiento económico, incluida la escuela austriaca.    Por dos razones:

  1. La moneda fiduiciaria es un crédito utilizado como moneda.  La utilización de crédito como moneda es una invención del mercado, no del Estado.  Tuvo su origen en la utilización de Certificados de Depósito que eran títulos de propiedad de plata u oro, que evolucionaron al Papel Moneda.  A diferencia de los CD, el papel moneda es un pasivo u obligación a entregar oro o plata.  También son ejemplo de crédito utilizado como moneda el endoso de pagarés, o la emisión letras de cambio (Real Bills).
  2. Una vez que está claro que la moneda fiduiciaria es crédito utilizado como moneda, como en todo crédito, su valor dependerá de la valoración que haga el acreedor.  El acreedor de un crédito es el que aporta bienes presentes (trabajo,  comida, maquinaria….) y en un sistema de moneda-crédito irregular, quien expande su balance y pone pasivos en circulación es el sistema financiero.  Siendo la gran mayoría de la moneda fiduciaria en circulación depositos (pasivos) en bancos comerciales, y siendo los billetes físicos un pasivo del Banco Central.

Cabe mencionar aquí como mecanismo de gran importancia en los sistemas monetarios actuales a la Reserva Fraccionaria, que llevado a la práctica por las entidades financieras tiene un gran impacto en la cantidad de moneda en circulación.   A la hora de la valoración de este hecho por parte del mercado, es irrelevante que la reserva fraccionaria sea legal o ilegal, en el momento en que el mercado perciba el hecho, realizará su valoración.

En un sistema monetario fiduiciario con reserva fraccionaria, la cantidad de moneda en circulación depende principalmente de la cantidad de crédito que el mercado genere, que automáticamente se monetiza en su mayoría por el sistema de Reserva Fraccionaria, y además el valor final de esa moneda también lo decide el mercado al intercambiar bienes presentes (trabajo, materias primas, maquinaria…) a cambio de la moneda.

El Estado y el sistema financiero (Estado + Banco Central + Bancos) cumple la función principal de intermediar las operaciones de crédito, y adicionalmente actúa como garante final del valor de la moneda (Estado + Banco Central) pero salvo por la emisión de deuda soberana, ni origina las transacciones de crédito que dan lugar a la mayor parte de creación de moneda, ni como hemos explicado antes tampoco sirve de nada que en su función de garante intente decretar por ley el valor de la moneda, ya que independientemente de lo que decrete, el mercado como acreedor que es realizará siempre su propia valoración dependiendo básicamente de la cantidad en circulación y los activos que la respaldan.

En este sentido, no habría que confundir los procesos de devaluación monetaria con el simple decreto del valor de la moneda.  La devaluación o redenominación monetaria lleva implícito un acto de expropiación y un impago que si tiene efectos económicos.  Como dijimos antes, el mercado valora hechos económicos, tengan éstos origen en una ley o no, lo que no puede cambiar una ley son las valoraciones subjetivas que los agentes realicen sobre estos hechos económicos.

En definitiva, la economía por decreto planificada centralmente no funciona.   Como dice el profesor Huerta de Soto, hasta el político o legislador mejor intencionado podría convertir la economía en un infierno (eso en el caso de que sus planes o decretos tengan efecto, que afortunadamente no es nada fácil). No importa que quienes decreten esas leyes sean los más sabios ni los más buenos y justos del mundo, no es esa la cuestión.  La cuestión es que ningún individuo podrá igualar la enorme capacidad de organización y adaptación espontanea que caracteriza a un mercado libre.

Manuel Polavieja.

El tiempo es oro

La Teoría del Valor Subjetivo nos dice que todo aquello que es valorado por el ser humano es un bien económico, da lo mismo que se trate de una barra de pan que un amuleto de la suerte, lo importante es que el ser humano considere útil el bien y por tanto esté dispuesto a dar algo a cambio de ese bien.

El interés ha sido importantísimo objeto de estudio de la ciencia económica.  La Teoría de la Preferencia Temporal (TPT), mantiene que por lo general el ser humano prefiere satisfacer sus necesidades en el presente que en el futuro lo que supuestamente nos lleva a valorar más los bienes presentes que los futuros y de ahí surge el interés.  Pero esto no se cumple siempre.  Por ejemplo cuando un niño, o no tan niño, deja la parte más sabrosa de un plato de comida para el final, o cuando ahorramos de cara a posibles necesidades futuras renunciando a satisfacer necesidades presentes.

La Teoría del Tiempo Económico (TTE) de Carlos Bondone proporciona una definición que se cumple en todos los casos, y es que serán más valorados los bienes económicos que estén en mejor relación temporal con la necesidad que satisfacen.  Por ejemplo, si el presente es verano y hace mucho calor, es más que previsible que una manta será más valiosa en invierno (en el futuro) que en el presente.

Bien,  ¿Que sucedería entonces cuando tenemos una necesidad en el presente pero no podemos acceder al bien que la satisface porque no tenemos dinero hoy pero preveemos en nuestra apreciación subjetiva que dentro de un mes lo tendremos?    Nótese que cuando decimos “en nuestra valoración subjetiva”, nos referimos a que aunque no podremos determinar con certeza cuantos recursos tendremos y que valor tendrán dentro de un mes, consideramos que tendremos los suficientes.

Pues una posibilidad es pedir dinero prestado.  Pero claro, quien nos preste el dinero querrá algo a cambio por dejar de disponer de su dinero durante un mes.   Esa contraprestación es el interés y según la TPT sería la diferencia entre el mayor valor que le damos al dinero hoy con respecto a ese mismo dinero dentro de un mes.

En principio suena bien, pero si nos atenemos a la Teoría del Valor Subjetivo sabemos que un mismo bien cambia de valor en el tiempo, como vimos en el ejemplo de la manta en invierno y en verano.  Es perfectamente posible y de hecho es lo habitual, que el valor subjetivo de los bienes incluido el dinero, cambie con el tiempo.

Entonces, ¿El dinero de hoy es totalmente comparable con el dinero dentro de un mes? No. Y sobre todo los bienes cambian de valor en el tiempo porque nosotros, que somos los que le otorgamos valor, también cambiamos.  Cambian constantemente nuestras necesidades, nuestras prioridades y nuestras valoraciones de la utilidad de los bienes.

Por eso no es apropiado definir el interés como la diferencia de valoración entre bienes presentes y bienes futuros.  La TTE nos ofrece una estructura teórica mucho más fiel a la Teoría del Valor Subjetivo, y es que a lo que realmente damos valor cuando pagamos intereses es al tiempo.  Me explico:

  1. Tenemos una necesidad hoy
  2. Hoy no disponemos de recursos para satisfacerla
  3. Hoy, sin embargo, valoramos subjetivamente que dentro de un mes si tendremos suficientes recursos.
  4. En nuestra valoración subjetiva ¿Que es lo único que nos falta para poder satisfacer nuestra necesidad?: Que transcurra un mes.  Como decimos más arriba, una vez que hemos decidido en nuestra apreciación subjetiva que los recursos los tendremos en el futuro, nuestro carencia ya no son los recursos, sino el tiempo.
  5. Está totalmente fuera de nuestro alcance hacer que ese mes transcurra inmediatamente, por eso estaremos dispuestos a pagar a alguien si nos adelanta esos recursos, siempre y cuando el precio por ese adelanto nos parezca razonable.
  6. Será razonable también que el prestamista pida una compensación a cambio dependiendo de la rentabilidad a la que el subjetivamente cree renunciar por no disponer de su dinero en el tiempo.
  7. El prestamista y prestatario acordarán HOY un precio por este intercambio de tiempo, ese precio es el interés.
  8. Adicionalmente al interés, el prestamista puede que quiera añadir alguna prima de riesgo por si acaso el prestatario no lo devuelve el principal, o porque el dinero prestado pueda disminuir de valor.

El tiempo tiene relevancia económica y en el marco de la TTE lo consideraremos un bien.  Todo bien económico tiene un precio cuando se intercambia, y en el caso del tiempo económico ese precio es el  interés.  También podemos decir en lenguaje más llano que el intercambio de tiempo económico es crédito y que el interés es el precio del crédito.

Con la estructura teórica de la TTE en lo relativo al valor del tiempo y al interés podemos llegar, entre otras, a las siguientes e importantes conclusiones:

  • El atesoramiento es una transimisión de valor en el tiempo.  Es un intercambio de tiempo intrapersonal (nos autoconcedemos crédito a nosotros mismos en el futuro).
  • Los bienes que requieren el empleo de mucho tiempo para ser producidos, suelen ser más valorados subjetivamente, porque el tiempo es un factor de producción escaso y costoso.
  • El atesoramiento de dinero es simplemente un caso particular del enunciado anterior.
  • El interés es el precio del crédito (tiempo económico intercambiado).
  • Las primas de riesgo por impago o por posible fluctuacion de precio del bien prestado aunque cotidianamente se añadan o incorporen al interés, no forman parte del mismo.  El interés es el precio del tiempo económio, la inflación o deflación no son precios en si, sino fluctuaciones  de precio de un bien (en este caso la moneda).
  • El interés no es el precio de la moneda cuando ésta es un bien presente (oro, plata, sal, ganado), es decir, el interés nunca es el precio del dinero.
  • El interés si es el precio de la moneda cuando ésta es crédito (Euros, dolares, libras)
  • El interés se determina en los mercados de crédito por la valoración subjetiva de los agentes. No es “decretable”.

Manuel Polavieja.